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¿CRISIS DEL SISTEMA, O SISTEMA EN CRISIS? PDF Imprimir E-mail
Escrito por EU Morvedre   
Domingo, 15 de Mayo de 2011 19:33
¿Crisis del Capitalismo, o Capitalismo en Crisis?

Vivimos tiempos convulsos. Está en todos los diarios y en todas las televisiones. Hay una crisis mundial del sistema capitalista. Pero… ¿Qué es una crisis capitalista? ¿Cómo se  manifiesta? ¿Cómo se mide?

Que mueran de hambre 950 millones de personas, y que haya 4.750 millones de pobres en todo el mundo (CÁRITAS), eso no es una crisis capitalista.

Que haya 1.000 millones de parados en todo el mundo, y que más del 50% de la población mundial activa, esté trabajando en precario, o con contratos “basura” (OIT), eso no es una crisis capitalista.

Que el 45% de la población mundial no tenga acceso directo a agua potable, Y que 3.000 millones de personas carezcan de acceso a servicios sanitarios mínimos (OMS), eso no es una crisis capitalista.

Que 12 millones de niños mueran todos los años a causa de enfermedades curables, que 113 millones de niños no tengan acceso a educación y 875 millones de adultos sigan siendo analfabetos (UNESCO), eso no es una crisis capitalista.

Que 13 millones de personas mueran cada año en el mundo debido al deterioro del medio ambiente y al cambio climático (OMS), que 16.306 especies están en peligro de extinción, entre ellas la cuarta parte de los mamíferos (NATIONAL GEOGRAPHIC), eso no es una crisis capitalista.

Todo esto ocurría en 2008, antes de la crisis. ¿Qué es, pues, una crisis capitalista? ¿Cuándo empieza una crisis capitalista?

Se empieza a hablar de crisis capitalista cuando matar de hambre a 950 millones de personas, mantener en la pobreza a 4700 millones, condenar al desempleo o la precariedad al 80% del planeta, dejar sin agua al 45% de la población mundial y al 50% sin servicios sanitarios, dejar que los niños mueran sin asistencia y acabar con el planeta, derritiendo los polos y matando los árboles y los osos, cuando todo eso ya no es suficientemente rentable, para dos millones y medio de millonarios y para los accionistas de 1.000 empresas multinacionales. No son más.

Ningún otro sistema político-económico ha producido jamás tanta riqueza y ningún otro sistema político-económico ha producido jamás tanta destrucción y miseria. El triunfo del capitalismo, en esta doble tarea, es incuestionable: Cada vez se producen más alimentos, pero cada vez hay más hambrientos, cada vez hay más medicinas, que la mayoría caducan antes de consumirlas, y sin embargo, cada vez mueren más enfermos que no pueden pagarlas. Cada vez hay más casas vacías, y cada vez más familias sin techo. Cada vez hay más trabajo, y cada vez más parados, más libros y más analfabetos... Nunca se ha hablado tanto de derechos humanos y nunca se habían cometido tantos crímenes contra la humanidad. ¿Por qué tenemos que salvar eso? ¿Por qué tenemos que encontrarle una solución?

El viejo tópico del liberalismo: “El mercado se regula por la ley de la oferta y la demanda”, ha resultado ser una farsa: El mercado es incapaz de regularse. Sin embargo, las soluciones que van a aplicar los gobernantes del planeta, no hacen más que seguir, en cualquier caso, la lógica de la acumulación de beneficios: Inyectar a la Banca cantidades indecentes de dinero de los impuestos, privatización de fondos públicos, prolongación de la jornada laboral, despido libre, disminución del gasto social, desgravación fiscal a los empresarios. Esto implica una lógica criminal y despiadada: Si las cosas no van bien es porque no van peor.

Es decir, si no son rentables 950 millones de hambrientos, habrá que doblar la cifra. El capitalismo consiste en eso: Antes de su crisis condena a la pobreza a 4.700 millones de seres humanos. Pero si hay crisis, sólo puede salir de ella aumentando sus tasas de ganancia, y por lo tanto, aumentando el número de sus víctimas. Funciona con una lógica perversa: Hay que salvar al capitalismo, por lo tanto, debemos aceptar, los sacrificios humanos, primero en otros países, lejos de nosotros, después en los barrios vecinos, después, incluso, en la casa de enfrente; confiando siempre que nuestro puesto de trabajo, nuestra cuenta bancaria, nuestro coche, nuestra televisión, no entren en este sorteo de lotería de ser daño colateral de la eficacia capitalista. Los que tenemos algo podemos perderlo todo; nos conviene, por tanto, volver cuanto antes a la normalidad anterior a la crisis, a sus muertos en-otra-parte y a sus desgraciados sin-ninguna-esperanza.

Es un sistema que, cuando no tiene problemas, excluye de una vida digna a la mitad del planeta y que cuando los tiene, no se plantea otra solución que amenazar a la otra mitad. Funciona perfectamente, con recursos y fuerzas sin precedentes, con su enorme capacidad para producir riqueza privada con recursos públicos. Pero su funcionamiento se parece más a un virus que a una sociedad. Se puede buscar que el virus no tenga problemas para reproducirse o podemos pensar que nuestro problema es, precisamente, el virus y buscar una vacuna para matarlo. Nuestro problema no es la crisis del capitalismo, sino el mismo capitalismo. Lo lamentable es que esta crisis reveladora, potencialmente aprovechable para solucionar tanta barbarie, alcanza a una población sin conciencia y a una izquierda sin una alternativa elaborada. Nuestro problema es, que en este mundo que ha producido el capitalismo, con tantas armas y tan pocas ideas, con tanto dolor y tan poca organización, con tanto miedo y tan poco compromiso, la barbarie se ofrece más verosímil que el socialismo… ¿O tal vez…?

PACO AGUILAR

 

Última actualización el Domingo, 15 de Mayo de 2011 19:41